Sonarán campanas fúnebres. Posiblemente serán mis nietos los que abran la comitiva, con el féretro inmediatamente detrás. Morirá mayor, a los 104 años, rodeada de sus seres queridos.

Los años que he pasado separada de ella harán que tenga más ganas que nunca de compartir el resto de la eternidad a su lado. Me prepararé para ver de nuevo la luz del sol cuando se abra el nicho. Acogeré con esmero sus restos. A mi lado. Sin embargo parece ser que no tendré en cuenta a los crueles sepultureros, que a condición de liberar espacio en el nicho, retirarán una mezcolanza de ropa raída, madera podrida y huesos polvorizados, echándola rutinariamente a la huesera del camposanto.

Deberé contentarme con suspirar su alma, evocando el pasado durante el eterno futuro.

Post-mortem

Post-mortem

Catalunya > Espanya > Europa > Món

Una mágica línea recta une el centro neurálgico de Barcelona con la ciudad aeroportuaria del Prat, casando de menor a mayor grado geográfico los universos conceptuales de Catalunya, Espanya, Europa y…el Mundo!

Sólo a un masón podía habérsele ocurrido.

La cicatriz que surcaba su demacrado rostro parecía lograda en una épica batalla entre cartagineses y romanos. Sin embargo, no le afeaba los rasgos. Al contrario. De su interior emanaba una atractiva belleza que sin duda habría podido atraer a los grandes escultores y pintores del Renacimiento. Un paseo anodino por el Louvre me recordaría una y otra vez en multitud de obras la estampa del anciano que se sentaba delante de mi.

¿Que tenía de peculiar? Todo en él era atractivo. Su porte. Su distinción. Su temple. Unos pequeños y vivarachos ojos azules escrutaban todo lo que se movía a su alrededor. En esos ojos se vislumbraba la codicia, la maldad, todos aquellos defectos que atenazan a los humanos en el portal de su muerte. Sin embargo, también rezumaban inteligencia, atracción, historia….¿qué historia podría contar el anciano?

A través de sus escurridizos ojos  vi plasmada toda su vida en pocos segundos. Le vi nacer al amparo de un triste brasero en una penosa  ciudad europea de entreguerras. Le vi alegrarse por la muerte de millones de personas en hornos crematorios, alzando el brazo derecho y postrándose ante las hordas fascistas. Observé su intento de escapar de la cárcel, reconvirtiendo su ideología y enriqueciéndose gracias a negocios fraudulentos en una Europa depauperada. Me entristecí al ver que el anciano no había podido tener descendencia a causa del napalm vertido por miles de B-52 en Vietnam.

Llegué con él al fin de la Historia. Al umbral del siglo XX. Esperaba la muerte, igual que yo, que otros…y entonces nuestros ojos se cruzaron. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Mi atracción por él era evidente, pero a la vez, distante y peligrosa. Justo en el momento en que el tren abandonaba el túnel y la luz del sol rozaba nuestros cuerpos, el anciano, sin dejar de mirarme, susurró: – “¿Por qué venderías tu alma al diablo, jovenzuelo?

Helado y asustado, atiné a contestar: -”Sólo y únicamente por amor“. Por ti.

El divino retrato cómico de Dorian Gray

El divino retrato cómico de Dorian Gray

Me llamaron a eso de las seis. “Ya tenemos la carne. Te esperamos a las 9 en casa.

Estuve el sábado por la noche en casa de unos amigos. Maite y Carlos. Los conozco desde hace años, pero aún no entiendo la costumbre esa de teorizar y filosofar de temas intrascendentes mientras tienes un estupendo plato regado por un buen vino.

Carlos comenta algo sobre Francesc Baltasar y la vivienda. No le contesto; todo eso me aburre. Piensa que todo esto es el principio y decadencia de Occidente. Lo mismo decía Spengler. Todo el mundo es codicioso y decadente; la corrupción está en todas partes.

La comida olía francamente bien: un asado adornado con higos y nueces. Parece una pierna entera, tiene un hueso que parece casi el de una rodilla. Dejo ir el comentario. “Eso es exactamente lo que es“, comenta Maite.

Bromeaba. Así que dije: “Perfecto, córtame una buena tajada“. La carne, aderezada con salsas, no estaba mala. “Oye, sabes que no está nada mal? Qué es?” “Lo que te dije: una pierna humana, la parte de arriba, el muslo. Es de un chaval de quince años que vino el otro día a vender boletos para un viaje de fin de curso. Lo dejamos entrar, le dimos algo de comer, pero no sabía comportarse, así que lo degollamos, le limpiamos las tripas, las echamos a la basura y le metimos en el congelador. Es muchísimo mejor que el pollo, aunque en realidad prefiero la ternera“.

Yo seguía creyendo que era una broma, así que le comenté que quería ver el congelador. “Ven“. Abrió la puerta del congelador, y ahí estaba el torso, pierna y media, dos brazos y la cabeza. Troceado así. Todo parecía muy higiénico, pero la verdad, a mí no me pareció del todo bien. La cabeza nos miraba, aquellos ojos azules abiertos, la lengua colgando…estaba congelada hasta el labio inferior.

Me empezaron a dar vueltas las paredes y no podía dejar de mirar aquella cabeza, aquellos brazos, aquella pierna troceada… Una cosa asesinada está tan callada, tan quieta; es como si pensases que una cosa asesinada debería estar chillando, no sé.

Lo cierto es que me acerqué al baño y vomité. Estuve vomitando mucho rato. Luego les dije que tenía que largarme.

El caso es que Maite se planta delante de la puerta y me dice: “Escucha…, no fue un asesinato. Nada es un asesinato. Lo único que hay que hacer es pasar de las ideas con que nos han cargado y te conviertes en un hombre libre…, libre…

Seguí con la idea de marcharme. Quería huir de allí. Los dos dijeron: “Adiós, que vaya bien, pues…“.

Definitivamente, no fui a la policia. Al llegar al callejón pensé: “Ellos fueron sinceros conmigo y no quisieron ocultarme nada“. Pensé que Maite y Carlos eran buena gente. He conocido gente que me cae muchísimo peor y a la que detesto muchísimo más, que nunca ha matado a nadie. No sé, en realidad, es desconcertante. Incluso pienso en aquel chaval del congelador como si fuera una especie de gran conejo congelado…

Di media vuelta. Piqué al timbre. Al abrir la puerta, les dije que quería repetir de segundo. La carne estaba estupenda.

Holocausto caníbal

Holocausto caníbal

Hoy os voy a contar una historia de mi infancia.

De pequeño, de entre todos los juguetes que convivían conmigo en la habitación, dos eran mis preferidos. Uno era algo parecido a los conocidos G.I.J.O.E’s. Nunca me dejaba tirado. Era el juguete perfecto. Irrompible. Se adaptaba a cualquier situación y era la envidia de todos mis amigos, que siempre me veían con él. Sin duda era mi mejor compañero. Formábamos un pack indivisible y no pocos niños -y algunas niñas- ansiaban tenerlo, con gran temor por mi parte.

El otro era un osito de peluche. Era EL osito de peluche. Me acompañaba en mis sueños y en mis pesadillas. Mi primer pensamiento al abrir los ojos iba para con él, y cuando me acostaba me alegraba de dedicarle una última mirada, esperando que los ancestrales miedos unidos a la oscura noche no me separaran jamás de su recuerdo.

La infancia termina cuando sabes que vas a morir

Pasó el tiempo y los años y aún no sé si los juguetes tienen alma o no. Sin duda se comunican entre ellos, ya que mi G.I.J.O.E y mi osito empezaron a mostrarse poco receptivos a mis achuchones, mis contactos y mis juegos. Esto me producía pesar y tristeza. Observé como me iban dejando poco a poco de lado. Como no querían compartir su tiempo conmigo, y como entre ellos nacía una especial relación de compañerismo, extensible a todos los momentos en que compartían espacio en el cajón de los juguetes.

Lentamente crecí. Y entonces comprendí lo que yo era. Un niño. De carne y huesos, y por tanto, humano. No podía pertenecer a su mundo, del mismo modo que ellos tampoco acabarían en el mío. Había sido un bonito sueño. Una fantástica experiencia, pero cada uno debía seguir su camino. Ellos en su mundo irreal de plástico, peluche y fantasía; yo en el mundo real, de verdades a medias, esfuerzos y pesares.

¿Sabéis que pienso ahora? Creo que sigo siendo feliz, casi como un niño, pero aún ahora, y casi cada noche cuando me acuesto, me sigo acordando de ese osito de peluche que me hizo feliz tantos meses y que por desgracia perdí. Del G.I.J.O.E, aún conservo su cabeza, aquélla que me ayuda a reflexionar cuando me encuentro perdido.

Y es que después de tanto pavo y canelones, turrones y polvorones, cava y chupitos, uvas y frutos secos…a uno, con el fin de las fiestas navideñas, le han entrado de repente unas irresistibles ganas de…cagar!

Tránsito...intestinal

Llega fin de año y, con él, los listados de la gente más importante. La idea, creo, es que los no importantes miremos las fotos de los importantes y nos maravillemos de su importancia. Este año, nos dicen, ha importado Barack Obama, porque ganó las elecciones y le regalaron un Nobel. Y ha importado Patxi López, porque perdió las elecciones pero se ganó a la derecha. Son importantes ciertos actores y actrices porque han hecho películas bien promocionadas, y es importante tal o cual deportista porque su deporte tiene share.

Estos días, las televisiones nos machacan con doce meses de imágenes yuxtapuestas. Y resulta que éste ha sido el año de Tamiflu y de SITEL, de los corruptos y los presuntos. El año que buscamos a Lorca y no lo encontramos. El año que los crucifijos se quedaron en las aulas, cuando la ciencia fue castigada en los presupuestos públicos y volvieron las máscaras antiglobalización. Cuando a Berlusconi le partieron la cara. El año en que la suave desaceleración económica dejó en las calles de nuestro país a más de cuatro millones de desacelerados trabajadores. El año en que se fusionó todo el mundo y Freixenet repitió anuncio en Navidad. El año en que 29 medios de comunicación murieron en España y con ellos, un poco, el periodismo.

Pero, sobre todo, éste ha sido el año en que te enamoraste o rompiste, cuando te acostaste con éste o aquélla, cuando le conociste, cuando nació o falleció. El año de aquel viaje, de aquella noche, el año que pasaste todo el año sin verle. El año en que las imágenes del año pasaron a tu alrededor sin tocarte. Igual que el anterior, el año que fuiste importante pero a ninguna lista le importó.

Feliz 2010 a tod@s.

José A. Pérez, Público (27/12/2009)

Feliz Año 2010!

Participar en la Copa Nadal es como sufrir de amores.

Uno, que sabe donde se mete por reincidente, pasa media mañana con la ingrata sensación de notar mariposas en el estómago, igual que la previa a la cita con la querida por quien bebes las aguas. Porqué esto es precisamente de lo que se trata. De lanzarte a las frías aguas del Mediterraneo y nadar los 200 metros que separan el final de la Rambla de Mar, en el Maremagnum, de la orilla del Port Vell de Barcelona.

Recorrido Copa Nadal

Lo que parece una osadia se convierte en un acto lúdico y festivo donde poco más de 500 personas desafían los rigores climatológicos del diciembre ataviados con todo tipo de gadgets navideños esperando salir de esa guisa por televisión. Porque a nadie se le escapa que si ya es difícil de por sí nadar en aguas abiertas a 13ºC hacerlo vestido con todo el atrezzo de Papa Noel se convierte en un reto enfocado a orates y desequilibrados.

Los que tenemos la piel fina y sufrimos de psoriasis creemos innecesario agonizar en el agua a cambio de un minuto de gloria que puede conseguirse de igual forma descuartizando al vecino del quinto, de modo que nos plantamos en el control de accesos con un simple bañador, que cumpliendo la normativa, no debe ser de neopreno ni cubrir hombros ni exceder las rodillas. Algunos, los menos, evocando el orgasmo conseguido en el cuarto oscuro, utilizan vaselina para proteger el cuerpo, a saber, del frío…o de los enormes peces que moran la zona a fondear. Los hombres de verdad, los que reescriben la historia, evitan rodearse de infraseres untados y posicionándose en primera línea, afrontan con el corazón en la boca del estómago y los cojones por corbata, el reto de romper la espuma del mar.

Hénos aquí pues. A 200 metros de la costa. 131 valientes. Medio desnudos. Tiritando. Y sabiendo que cualquier sensación corporal será peor dentro de minuto y medio. Mirar hacia abajo, hacia adelante, y presentir que Poseidón tiene hambre es como enfrentarse a la amante que desnudándose en el catre, te exige que poseas el fondo de su valle. Hay que darlo todo. Hasta la última gota. Salta! (Chofff) “Shit! Quién me mandó a mi volver a apuntarme?”.

No hay vuelta atrás. La barcaza queda atrás y ahora tienes el reto de no hundirte, tratando de soportar el frío que poco a poco va invadiendo tus pulmones y te impide respirar. Las voces de ánimo del resto de participantes antes de saltar van acallándose y un silencio sepulcral, sólo roto por moribundos chapoteos, te acompañará el resto del viaje. Las brazadas intentan ser rápidas pero se ralentizan cada vez más, pierdes fuerza y ansías hundirte, unirte al coro de sirenas que desde el fondo te atraen, susurrando palabras de amor.

Poco más de 4 minutos que se convierten en todo un mundo. Y si no que se lo digan al eyeculador precoz. Llegas. Exhausto. Gélido. Incapaz de elevar la voz ante el tapón de participantes que delante tuyo, te impiden pisar tierra firme. El stand donde se entrega un caldo pasable se llena de tíos tiritando, buscando rayar el sol. Es hora de recuperarse, cambiarse. Entras en el vestuario. El olor a chotuno de hace una hora ha sido sustituido por el del pestilente petróleo, que te acompañará el resto de día.

Poco a poco vuelves en sí. Has creído en ti y has salido vencedor.The circle of life. El año que viene, más.

Sobrevivir para contarlo

“¿Qué tienen los hombres en la cabeza?”*

Según el imaginario popular de tan célebre marca de champús de todos menos caspa. Visto lo visto, tampoco neuronas. Ni verguenza.  Escoger a tan insigne ¿actor? y pronunciar incorrectamente su apellido hasta 5 veces debería ser considerado falta grave. Sirvan estas líneas para denunciar la excesiva laxitud que se aprecia en los medios de comunicación en referencia al correcto tratamiento de la lengua, donde parece que contagiarse de la mediocridad de la plebe en vez de contribuir a su educación da más puntos de cuota de pantalla, amarados de cierto progresismo cool.

En cuanto al pollo que no sabe pronunciar correctamente su apellido, recomendarle encarecidamente un pedágogo. Quizás de este modo augmenten a la vez, sus dotes como artista.

* ¿Qué tiene Arturo Vals en la cabeza?

(“and the winner is…Arturo Vals, for Qué tienen los hombres en la cabeza?”)

- Sr. Vals, sr. Vals, sr. Vaaaaals…

- eh, en la cabeza tengo de todo, menos caspa.

Recogido el sábado 12/12 en el TN de TV3. Ver vídeo completo aquí:

“…la meva filla petita va a la classe dels pollets i li fa molta ilusió tenir un pollet a casa, i el posarem al balcó aviam lu que aguanta…”, Neus Maroto, el Prat de Llobregat [0:14 s] *

Pota blava

1. ¿Qué?tLa tradicional Feria Avícola del Prat de Llobregat, que acoge un concurso de aves y una exposición ganadera, siendo el Pollastre de Pota Blava, especie autóctona, el elemento estrella.

2. ¿Dónde? En el Prat de Llobregat, Baix Llobregat, Barcelona.

3. ¿Cuándo? El segundo fin de semana de diciembre. Este año, el 11-12 y 13, siempre coincidiendo con la festividad de Santa Llúcia que da paso extraoficialmente a las fiestas navideñas.

4. ¿Quién? Neus Maroto, agradable señora de sus labores y atenta proteccionista de los derechos de animales y mascotas domésticas.

5. ¿Por qué? Centenares de campañas de conscienciación después sobre el abandono y/o maltrato de los animales domésticos, hallamos el último eslabón de la evolución en cuanto a diplomacia. La señora reconoce abiertamente que dado el amor que siente su hija por los pollitos, éste pasará las noches al raso, en plena borrasca siberiana, congratulándose abiertamente y en público de lo poco que durará el neo-dinosaurio.

Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro.

* “…mi hija pequeña va a la clase de los pollitos y le hace mucha ilusión tener un pollito en casa, lo pondremos en el balcón a ver lo que aguanta…”, Neus Maroto, el Prat de Llobregat [0:14 s]

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