Rodolfo Chiquiliquatre ya ha ofrecido sus treinta mejores minutos televisivos.

David Fernández, su alter-ego (no sabemos bien quien fue primero) ya ha confesado que necesita unos días de vacaciones para enterrar definitivamente al personaje antes que él mismo sea devorado como si de Saturno a sus hijos se tratase.

Con una promoción excelsa por parte de la productora del Terrat, que le sirvió para ser elegido por la audiencia en una de las múltiples galas casposas a las que nos tiene acostumbrados TVE ante la atónita mirada (y contraria opinión) del genio de Ávila,  José Luís Uribarri, Rodolfo se erigió en el fenómeno mediático del año, promocionando desde polítonos hasta chorizos de Cantimpalo pasando por adaptaciones variopintas a la letra, que nos recordaban pretéritas épocas cuando todo quisque gustaba de entonar el himno español.

El resultado lo pudimos ver el sábado en directo. Si, todos. Confesad, malditos! Quien más quien menos todo el mundo estaba viendo la 1 a eso de las 22:30-23:00 el ridículo europeo al que nos sometía el freaky del tupé.  Sin embargo, para sorpresa de muchos y ascazo de pocos, el resultado fue similar al de otros años, anclados en las sempiternas posiciones que engloban la decimoquinta y la decimonónica posición.

Se demostró nuevamente que la vieja Europa tiene menos futuro en el Festival que Penélope Cruz en Hollywood, puesto que la ampliación de países a la zona eslava conlleva más tongo e intereses que una reunión del G7, dando igual que el representante sea un cantante consagrado, como Julio José Iglesias o Lita Claver, “La Maña“, que mi mismísima abuela haciendo gárgaras mientras se enjuaga la dentadura postiza.

Tengamos orgullo, abandonemos Eurovisión y demostremos que podemos organizar un Festival propio como Italia hace con el de San Remo…o quizás deberemos pensar que interesa llevar un freaky para subir las depauperadas audiencias de antañas participaciones?