La semana pasada, el precio del barril de petróleo cotizó a 135$ e, lo que significa un nuevo record en un mundo donde se estima que el 25% de la venta se encuentra en manos de especuladores que hinchan la burbuja hasta límites insospechados avivando el miedo a una crisis de recursos en un futuro cercano.

No soy geólogo. No soy economista ni político. De hecho, no quiero serlo. Simplemente, a ojo de buen cubero, me digno a comentar un problema sobre el cuál se nos quiere cimentar la base de la sociedad consumista occidental, utilizando el consumo desaforado, y la escasez  del oro negro como muestra de los males reguladores de nuestra economía, convenientemente pervertida por los inefables hombres grises que dirigen bancos y cajas de ahorro.

El dios PETROLEO ha dictado sentencia. Nuestro mundo se rige por él, desde las bolsas de plástico y los condones hasta el funcionamiento de nuestros Seat León tuneados. Y el incremento del barril,grava y de que modo, nuestros bolsillos, indefensos ante el abuso especulador.

No han tardado en oírse voces de sectores donde la subida produce estragos. Desde el camionero que se gasta 1200€ en gasolina a la semana, al pescador que necesita ¡750€! diarios para salir a la mar. El asunto está tan peludo que no se ha tardado en pedir subvenciones al Gobierno, esperando que el dadivoso ZP entre al trapo.

Postulo yo que si el Gobierno de turno subvenciona críticos sectores, los ciudadanos de a pie acabaran pagando el incremento del petroleo doblemente (uno en su día a día, otro a través de la subvención), amén de convertir el país en una hostal de vagos que se quedan en casa en vez de trabajar gracias en parte a las ayudas estatales (o europeas). Y es que, si a cada sector al que acucie la crisis se suelta la mosca, veo pagando la lana a las jubiladas fanáticas del punto de cruz, o el Imedio a los niños de las favelas.