Vaya por delante que me considero una persona eminentemente hedonista.

Ante Dios y la ley defenderé encarnizadamente la consecución del placer personal como método de vida tal y como ya os expuse anteriormente en este simpar post. Huelga decir que existen diferentes caminos para llegar al fin último donde cada uno intenta arrimar el ascua a su sardina. Dicho de otra forma: la consecución del placer es subjetiva así como el método a seguir que conlleve la explosión onanística. Donde para unos será un escote sugerente para otros lo es la Novena de Beethoven y para el vecino una visita al Prado.

Bien. Llegamos al meollo del asunto. Las pinacotecas. Lugares fuertemente subvencionados que acogen las colecciones de pintura más relevantes de un pintor o país recorriendo cronológicamente la historia artística a través de lóbregas galerías donde sólo el mero hecho de contemplar una pintura puede ser comparada a la tortura en una celda china. Una pintura no es una expresión artística sino más bien ególatra de su creador, evolucionada desde las representaciones realistas de antaño hasta las surrealistas del movimiento vanguardista actual, donde los pintores suelen jugar con la paciencia del respetable, obligado a aceptar que el mamotreto que observa tiene una calidad superior al garabato de un niño de Primaria.

No acepto las colas ante Las Meninas, representación de los feos familiares de Felipe IV. No comparto los ohhhs de admiración ante el Guernica de Picasso exceptuando una valoración dentro del contexto histórico en el que fue pintado.  Alucino con la multitud que visita el Louvre buscando el secreto incólume de la escuálida Gioconda. Expresión artística es el tótem milenario de una religión ancestral, el collar de flores secas utilizado en cualquier baile folklórico o las tablas de Moisés.

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

Lo que salga de estos cánones debería arder en el mismísimo infierno. Es por eso que os recomiendo que hagáis como la prota del segundo tomo de la saga Millenium y cuando piséis un museo lo hagáis siempre acompañados de…una cerilla y un bidón de gasolina.

V os lo agradecería.

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