No sabemos cómo es la eternidad, ni cuánto dura, pero quizás esto sea lo más parecido: un rondo infinito en la ciudad eterna. Roma, donde empiezan tantas de nuestras historias, era la Ítaca del Barça, el final de todos los caminos emprendidos, tantas veces equivocados y ahora, por fin, con un rumbo claro y rotundo, el timón firme apuntando a la gloria. Y Roma ha hablado, la causa está terminada: Roma locuta, causa finita. El héroe inteligente ya duerme en la Ítaca de los sueños epopéyicos. La eternidad debe ser esto: acudir puntual y sin demora al compromiso con la historia; enfrentarse al reto obviando miedos y tibiezas; presentar tus credenciales sin la menor renuncia; persistir en las ideas propias apartando las dudas oscuras; creer, en fin, que toda actividad humana es susceptible de practicarse como los dioses.
El triunfo es tan mayúsculo que no admite adjetivos. No hay vocabulario que exprese el compromiso defensivo de Puyol; la puntualidad de Valdés en sus peleas contra los pistoleros; el sobrio comportamiento de Sylvinho, que alcanza la cima en su último aliento futbolístico; o el equilibrismo de los centrales, una raza especial de defensores. No se puede explicar qué clase de chip tiene Xavi incrustado en el cerebro para dirigir las operaciones con semejante trigonometría prodigiosa; ni de qué planeta fuentealbillesco surgió este Iniesta de otro siglo; ni qué alimentos propulsan la energía atómica de Etoo, Busquets y Henry. Tampoco nadie ha encontrado aún las palabras que hagan justicia al memorable Messi, un hombre a un balón pegado, autor de un vuelo sin motor para alojar el cuero definitivo en las redes olímpicas. A cámara lenta, como si fuera un gigante portentoso, marcando los tiempos y las fases, haciendo eterno el deleite blaugrana, aviador de sí mismo, Messi ejemplifica todos los valores que reúne este equipo: humildad y compromiso, sacrificio y solidaridad, esfuerzo y alegría, frescura y talento, cantera y ambición.

Pep, tot això és teu!

Pep, tot això és teu!

El Barça ya puede gritar muy alto: “Hem fet el cim!“.

Martí Perarnau, El Periódico