7-J. 375 millones de europeos están llamados a las urnas con el fin de escoger el nuevo Parlamento europeo. Cuando se cierran los colegios electorales se confirma el triunfo del PPE en medio de unas vergonzantes cifras de abstención que rondan el 43% de media europea, el 45% en España y un ¡37.49%! en Catalunya.

Sin entrar en la valoración de los resultados, algunos curiosos, como la consolidación del caricato ítalo Berlusconi en su país o la victoria del PP español, entre casos de corrupción varios, haremos un alto en el camino para hablar de la abstención.

La noche electoral siempre va precedida de la salida como seta otoñal de políticos vomitando datos sin parar entre muestras de alegria varias. Todos ganas. Nadie pierde. En el caso que nos atañe pierde el votante, quién después de soportar una durísima campaña electoral, enfocada como unas primarias de las generales, marcada por la polarización partidista y con el olvido deliberado de los verdaderos motivos por los cuáles debemos acercarnos a la urna, decide, como yo, omitir el deber democrático basado en la gran mentira que nos quieren imponer.

Luego siempre saldrá el zangano que te dirá “Si no vas a votar, luego no te quejes“, axioma falaz, puesto que por esta misma máxima los no socios del Barça no tendrían derecho a protestar (y/o opinar) cuando su equipo va mal. La democracia está basada en la libertad individual y la mía consiste en no hinchar el ego de unos descerebrados que sólo piensan en clave interna. Eso si, a partir de hoy mismo, dicen, harán acto de constricción para encontrar las claves de la alta abstención.

Aseguran eso si, que necesitarán de la ayuda de otros medios, como los de comunicación. Teniendo en cuenta que anoche TV3 me argumentó el sentido del Parlamento europeo en unos breves 5 minutos, quizás para las próximas me apunte a votar…a la cadena autonómica.

PD: en un día estrelladamente azul, felicitar al extranjero suizo Roger Federer, quien conquistó brillantemente Roland Garros, el único trofeo que faltaba en su palmarés, completando el Grand Slam. Lo hizo entre los vítores del respetable, claramente parcial en cuanto a la implicación emocional con los finalistas. Libre es el público de escoger sus favoritos aunque abuchear en su momento al campeón que ha dignificado su torneo durante los últimos 4 años deseando su caída dice muy poco de la supuesta caballerosidad en la que se mueve un deporte tan bello como el tenis.