O eso habría que pensar si tenemos en cuenta la máxima que relaciona capacidad sexual con cilindrada y potencia mecánica, aplicable en este caso al fastuoso, gigantesco y descomunal escenario que U2 propone en su nueva gira, 360º Tour.

360º Tour

360º Tour

Desengañémonos. Asistir a un concierto de Bono y los suyos es como ligar con la rubia despampanante que centra todas las miradas en la pista el sábado nuit. Quién haya triunfado en las lides del amor sabrá a lo que me refiero. Decenas de ojos posados sobre la jamelga de esculturales piernas y busto turgente quien baila con el frenesí de los amantes asilvestrados mientras los más osados Hércules van pasando en fila suplicando sus favores (y amores).

Con todo, sólo uno será el afortunado, el que la poseerá en exclusividad fabricando las más cálidas estratagemas amorosas que la mente pueda urdir. La noche no es para aficionados sino para aquéllos valientes guerreros capaces de jugarse el físico ante tamaño espectáculo. Y poderlo explicar al día siguiente.

Seguramente, nuestro osado soldadito se despierte envuelto en una aura mágica, al lado de una egocéntrica mujer, quien se cree el centro del mundo, porque así se lo han ido demostrando los diversos aficionados que han pasado por su catre, obnubilados por su imponente y escultural físico. Es probable además que, cumpliendo el tópico, la pobre sea boba, o disléxica, con un timbre de voz rallando la molestia, como alguno de sus congéneres. Incluso en el peor de los casos, puede que la leona no sea tan fiera como la pintan y que viva de polvos pasados en vez de lodos presentes.

A pesar de todo, y como en este mundo hedonista, el físico triunfa sobre el contenido, seguramente el superviviente se sienta orgulloso de la noche vivida y blanda entre sus congéneres el tan manido yo toreé en esa plaza.

Que nos quiten lo corrido.